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Resistencia a los antibióticos: un problema a combatir desde la infancia

Publicado el 04-01-2019

¿Sabías que no todas las infecciones necesitan antibióticos? y que desde la OMS se intenta concienciar sobre los efectos negativos de este abuso, nuestra doctora Gloria Colli, pediatra en Hospiten Estepona, nos pone al día y aclara diversos puntos sobre este asunto.

P: ¿Doctora, a qué llamamos uso excesivo de antibióticos? ¿Los tomamos más veces de las necesarias?

R: En realidad, las infecciones son causadas o bien por virus o por bacterias. Los síntomas que producen unos y otras pueden ser muy parecidos, pero es el médico quien valora de qué tipo de infección se trata. Porque únicamente las bacterias son sensibles a los antibióticos, los antibióticos no hacen ningún efecto sobre los virus.

Si tratamos con antibióticos una infección vírica, la infección también curará (porque los virus se curan solos, con la única intervención de  nuestras defensas), pero estaremos alterando el equilibrio de las bacterias que tenemos normalmente en nuestro organismo (mucha gente acaba creyendo que su hijo sí necesitaba antibiótico, porque la enfermedad remite al mismo tiempo que se le da el jarabe, cuando eso habría sucedido igualmente).

Si tenemos en cuenta que tenemos en nuestro cuerpo tantas bacterias como células propias, cuando tomamos un medicamento que puede matar a una buena parte de esa enorme cantidad de bacterias, el resultado final es impredecible. Podemos haber destruido bacterias peligrosas, pero también caerán en la redada muchas bacterias que son necesarias y beneficiosas para nuestra salud.

Pero ojo, el verdadero problema no es ese, sino que muchas de ellas se verán afectadas por el antibiótico pero sin llegar a  morir. Entonces tendrán la oportunidad de adoptar mecanismos que la hagan resistente al antibiótico. Así, la próxima vez que tengamos que tomarlo, ya no le hará el mismo efecto y podrá seguir replicándose y enfermándonos sin control.

P: ¿Qué nos recomienda para evitar el abuso?

R: 3 sencillos pasos:

1.- ¡No automediques a tu hijo! No debes en ningún caso, automedicarle. Aunque tengamos la experiencia de infecciones anteriores y los mismos síntomas, porque cada nueva enfermedad precisa su correspondiente valoración por parte del pediatra.

2.- Utiliza correctamente los antibióticos en cuanto a dosis y duración. Para ello debemos tener en cuenta que:

  • La dosis en los niños se calcula por su peso. A veces puede resultar una dosis excesiva a ojos de alguien que está pensando en una dosis de adulto. Si te parece demasiado consúltalo con el médico antes de disminuir la dosis por tu cuenta.
  • El número de dosis que se deben dar al día también es muy importante, aunque el horario puede ser flexible. Si la prescripción indica cada 8 horas, es necesario administrarlo 3 veces al día, lo más repartido posible: por la mañana (lo antes posible); a mediodía y  por la noche (lo más tarde posible).
  • Completar el tratamiento es también fundamental. Si son 7 días, son 7 días. Ni 5 (porque total ya está bien) ni 8 (porque sobra un poquito, así no hay que tirarlo) es fundamental seguir las directrices del pediatra.

3.- Y recuerda, la mejor medicina es la prevención: Y para prevenir las infecciones están las vacunas. Algunas de las enfermedades que más problemas de resistencias están dando son enfermedades prevenibles con vacunas. Mantener el calendario de vacunaciones al día nos sirve para protegernos individualmente de la infección, pero también contribuye a que disminuya la circulación de la enfermedad en toda la población y el riesgo de que esas bacterias desarrollen resistencias.