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La Alimentación en las primeras etapas de la vida, de 12 a 24 meses. Parte III

Publicado el 07-08-2019

En esta etapa es fundamental pensar que los niños no pueden ni deben comer como los adultos porque el crecimiento del niño sigue siendo muy importante y por tanto presenta unos requerimientos de energía muy superiores al del adulto en especial de hierro, calcio, yodo, zinc, vitamina D y ácidos grasos esenciales para el desarrollo de diferentes órganos. Sin embargo su capacidad digestiva es menos que la del adulto, por tanto la dieta tiene que continuar siendo acorde a sus necesidades y sana. Es importante continuar variando la dieta de manera que el niño aprenda a comer los alimentos preparados de diferentes fórmulas.

Evitar el exceso de ingesta de proteína de origen animal por el riesgo de sobrepeso y obesidad: Ofrecer como alternativas a las carnes de origen animal, otras fuentes de proteína vegetal como legumbres, frutos secos. Las recomendaciones diarias de proteína animal no deben exceder los 50 gr al día, tomando como referencia para el tamaño de la ración el tamaño de la palma de la mano del niño. Se ofrecerán entre 2-3 veces en semana. Se recomiendan 2-3 piezas de huevo a la semana así como pescado 3-4 veces a la semana.

 Hay que evitar el exceso de grasa saturadas (bollería industrial, fritos, snacks) y azúcares refinados (bollería, zumos industriales, cereales refinados) por el elevado riesgo de síndrome metabólico y caries, y ofrecer en su lugar piezas de frutas en trocitos, cereales naturales y complejos (arroz integral, pasta integra, pan integral, gofio, avena, quinoa). Las verduras deberán consumirse  a diario y constituirán el 50% del tamaño de la ración. Las acelgas y espinacas no deberán constituir más del 10% del total de las verduras por su alto contenido en nitritos. Evitar el exceso de sal (no hay que poner sal a la comida).

NEOFOBIAS

Tener en cuenta que en esta etapa se desarrollan las llamadas “neofobia” y los conocidos hábitos de rechazo de alimentos que convierten a estos niños en malos comedores. Este es un período transitorio que tenemos que poder entender y tratar con paciencia y no por ello recurrir a hábitos poco saludables (añadir azúcar, cola-cao, nesquick, zumos, sal, fritos, entre otros)

Podemos cambiar el “somos lo que comemos” como aceptación de que es algo que no se puede cambiar y comenzar a pensar “podemos ser lo que comamos” y es que es en gran medida lo que comemos y cuánto comemos en esta etapa de la vida   determinará las enfermedades que padeceremos en un futuro.