Las Palmas de Gran Canaria, 20 de octubre de 2026. – El final de una relación de pareja supone una de las experiencias emocionales más complejas para las personas, ya que no solo implica la pérdida del vínculo, sino de los proyectos, expectativas y planes en conjunto. El duelo amoroso es una respuesta humana natural que permite asimilar dicha pérdida y adaptarse a una nueva realidad. “Cuando una relación se rompe, no solo desaparece la persona, también todo lo que se había construido junto a ella, y eso conlleva un impacto emocional profundo”, sostiene Silvia Morales, psicóloga del área infanto-juvenil y adulto del hospital Hospiten Roca.

Aunque habitualmente se asocia el duelo a la muerte de un ser querido, lo cierto es que cualquier pérdida relevante puede desatarlo, como un divorcio o la pérdida de estabilidad. En este contexto, las rupturas sentimentales pueden generar emociones intensas tales como tristeza, ira, culpa o incredulidad, e incluso originar estados depresivos o conductas obsesivas.
Atravesar este cambio no es sencillo, pero sí es posible superarlo. El primer paso es aceptar que la relación ha finalizado; sin embargo, el duelo amoroso no es lineal, sino cíclico. La posibilidad de retomar el contacto con la expareja puede reactivar las emociones y dificultar así el avance. “Es habitual que la persona experimente altibajos emocionales, especialmente cuando sigue existiendo algún tipo de vínculo o información sobre la otra parte. Esto puede detener el avance para superar la ruptura, reanimando las emociones y haciendo el proceso aún más difícil y doloroso”, explica Morales.
Existen diferentes tipologías de duelo. Un duelo sano permite sentir el dolor sin quedarse estancado en él y facilita una adaptación continua. No obstante, también pueden aparecer otras reacciones, como el duelo retrasado, donde las emociones surgen tiempo después; el duelo congelado, en el que se evita sentir; el duelo enquistado, cuando el dolor se cronifica; o el duelo inconcluso, donde no se llega a cerrar completamente la pérdida.
En cualquier caso, el duelo no debe patologizarse, ya que forma parte de la experiencia emocional humana. Ahora bien, una gestión inadecuada puede complicar el proceso, por lo que es fundamental aplicar estrategias que favorezcan al desarrollo del duelo. Entre ellas, destaca la importancia de permitirse sentir y expresar las emociones, evitando reprimir el dolor. “El duelo hay que vivirlo y sentirlo; es el precio emocional que pagamos por amar”, afirma la psicóloga.
Adicionalmente, se recomienda establecer el determinado “contacto cero”, restringiendo o evitando la exposición a la pareja, también en redes sociales, con el fin de permitir el cierre emocional. Practicar la autocompasión, evitar la autocrítica en exceso y apoyarse en personas de confianza son otros elementos clave durante este proceso. Retomar actividades personales, mantener rutinas y centrarse en el presente también contribuyen a reducir el exceso de pensamientos. Del mismo modo, reservar espacios de introspección sin distracciones permite conectar con las emociones y avanzar en la aceptación de estas.
Un enfoque terapéutico sobre el duelo amoroso
La terapia psicológica ejerce un papel importante durante el proceso del duelo, pues ofrece herramientas para gestionar las emociones y favorecer la adaptación. Además, el asesoramiento profesional ayuda a detectar posibles bloqueos durante el proceso, permitiendo que la persona pueda avanzar sin quedarse estancada en el dolor. “Contar con apoyo psicológico permite transitar el duelo con mayor comprensión y menor sufrimiento, respetando los tiempos individuales de cada persona”, aclara.
Para acompañar a alguien que atraviesa una ruptura, es importante ofrecer escucha y comprensión sin juzgar ni minimizar su dolor. Validar las emociones y estar presente resulta más eficaz que dar consejos inmediatos, ya que cada persona necesita su propio ritmo para sanar. “No hay nada de lo que avergonzarse en una ruptura de pareja, tanto si eres tú quien deja a la persona como si es al revés. Lo más importante es intentar hacer las cosas bien y vivir el duelo con normalidad, sin prisas, respetando los tiempos”, concluye.