En el marco del Día Mundial del Corazón, celebrado el 29 de septiembre, Hospiten pone el foco en la estrecha conexión entre el ecosistema intestinal y la salud cardiovascular.
Cuando se habla de microbiota se hace referencia a los microorganismos que habitan, principalmente, en el intestino. Además de contribuir a la digestión de los alimentos, estos microorganismos desempeñan muchas más funciones. “Utilizan parte de lo que comemos y producen sustancias que pueden entrar en la circulación y modificar la inflamación, el metabolismo e incluso la función de nuestros vasos sanguíneos. Por eso, aunque parezca que estamos hablando de digestión, en realidad estamos hablando también de salud cardiovascular”, expone la Dra. Antonella Chiappero, cardióloga en el hospital Hospiten Estepona.
El intestino cuenta con una barrera que permite el paso de los nutrientes y evita que determinadas sustancias perjudiciales terminen en la sangre. Cuando existe una alteración de esa barrera y de la microbiota, pueden aumentar sustancias bacterianas capaces de activar nuestro sistema inmunitario. Esto puede contribuir a mantener un estado de inflamación de bajo grado. Y esa inflamación no se queda necesariamente en el intestino: puede afectar al endotelio, que es la capa que recubre nuestras arterias, favoreciendo la disfunción vascular y participando en el desarrollo y progresión de la aterosclerosis. Por este motivo, se habla cada vez más de un eje intestino-vasos, además del conocido eje intestino-corazón.
Por su lado, la aterosclerosis no es simplemente una acumulación de colesterol en el interior de una arteria, sino un proceso inflamatorio complejo. En primer lugar, se produce una alteración del endotelio que permite que las partículas de LDL entren en la pared arterial, se modifiquen y desencadenen en una respuesta inflamatoria. Las células del sistema inmunitario acuden a esa zona y comienzan a formar lo que se conoce como placa de ateroma.
Durante años esa placa puede crecer sin producir síntomas. El problema aparece cuando una placa se vuelve inestable y, por ejemplo, se rompe y forma un trombo. Si esto ocurre en una arteria coronaria, puede obstruir el flujo de sangre y producir un infarto. “Por eso, la enfermedad cardiovascular se entiende hoy como una combinación de factores metabólicos, colesterol, alteración vascular e inflamación. No es solamente una cuestión de cuánto colesterol tenemos”, aclara.
Fibrilación auricular: una arritmia muy frecuente
La fibrilación auricular es la arritmia más frecuente. Para que aparezca y se mantenga, también influyen cambios estructurales e inflamatorios en las aurículas, las cavidades superiores del corazón.
La inflamación puede favorecer cambios en el tejido cardíaco, como la fibrosis, y esta, a su vez, puede alterar la forma en que se propaga el impulso eléctrico. Es como si el corazón perdiera la uniformidad de su tejido y eso facilitara que aparezcan circuitos eléctricos anormales.
Recientemente, se está estudiando cómo la microbiota y sus metabolitos pueden participar en este proceso inflamatorio. Algunos estudios recientes han encontrado asociaciones entre determinadas alteraciones del microbiota y la fibrilación auricular, e incluso trabajos experimentales que están intentando identificar mecanismos concretos. Según expone la doctora: “Esto está en fase de investigación y no podemos afirmar que modificar la microbiota sea hoy un tratamiento para la fibrilación auricular”.
Las recomendaciones para el cuidado de la salud cardiovascular son más sencillas de lo que parece. Una alimentación de estilo mediterráneo, sumada al ejercicio físico, un buen descanso y el control del estrés, es fundamental. “Muchas veces la prevención empieza con algo tan sencillo como movernos más, comer mejor, dormir mejor y conocer nuestros factores de riesgo”, sostiene la Dra. Chiappero.
La toma de probióticos o suplementos para el cuidado del microbiota
Los expertos advierten que no todos los probióticos, prebióticos y otros suplementos cuentan con evidencia científica. Por el momento, no puede afirmarse que un suplemento prevenga un infarto o una arritmia. La prevención cardiovascular continúa basándose en hábitos de vidas saludables y los suplementos deben valorarse de forma individual y, especialmente cuando existe un problema concreto, con el asesoramiento de un profesional sanitario.
Así, la capacidad de influir en la salud cardiovascular es mayor de lo que se piensa. Aunque no todos los factores de riesgo pueden controlarse, muchos sí pueden modificarse mediante hábitos saludables. El corazón está estrechamente relacionado con el metabolismo, la alimentación, la salud intestinal, la actividad física y el descanso. Por ello, la prevención debe comenzar antes de que aparezca una enfermedad. Una valoración cardiovascular permite identificar los factores de riesgo de cada persona y establecer, junto con un profesional sanitario, las medidas más adecuadas para prevenirlos y proteger la salud del corazón.
“Como cardióloga mi objetivo no es solamente tratar a una persona cuando ya tiene una enfermedad cardiovascular, sino ayudarla a conocer su riesgo y actuar antes. La prevención cardiovascular empieza mucho antes del primer síntoma”, concluye.