
Las Palmas de Gran Canaria, a 28 de julio de 2026.– El verano es sinónimo de descanso, ocio y flexibilidad, pero también puede convertirse en un periodo crítico para la salud infantil. La pérdida de rutinas durante las vacaciones favorece la aparición de hábitos conocidos como “obesogénicos”, que pueden hacer que niños y adolescentes ganen peso con mayor rapidez.
Así lo explica el pediatra César Molina, especialista en endocrinología de Hospiten Roca, y miembro de la Unidad de Apoyo a la Pérdida de Peso, quien advierte que “durante los meses estivales se rompe el equilibrio entre lo que los menores comen y lo que gastan, y eso tiene un impacto directo en su salud”.
Diversos estudios de organismos como la Asociación Española de Pediatría o la Sociedad Española de Endocrinología coinciden en que el Índice de Masa Corporal aumenta más rápido en verano debido a tres factores clave: peor alimentación, más sedentarismo y alteraciones del sueño.
Menos rutina, más “calorías vacías”
Sin el marco estructurado del curso escolar, es habitual que aumente el consumo de refrescos, helados, ultraprocesados y comidas rápidas. A esto se suma el picoteo frecuente, muchas veces por aburrimiento.
“La alimentación se vuelve más improvisada, con productos rápidos y poco nutritivos, y eso se repite a diario durante semanas”, señala César Molina.
Más pantallas, menos movimiento
La falta de horarios y actividades organizadas suele traducirse en más horas frente a pantallas. Móviles, tablets o videojuegos sustituyen al juego activo, reduciendo el gasto energético diario.
Dormir peor también influye en el peso
Otro de los grandes cambios del verano está en el descanso. Los menores se acuestan más tarde y duermen peor, lo que altera hormonas relacionadas con el apetito.
“Dormir menos o tener horarios irregulares favorece el aumento del hambre y la preferencia por alimentos más calóricos, especialmente por la noche”, explica el especialista.
Claves para un verano saludable
Desde Hospiten Roca, los expertos insisten en que no se trata de eliminar el disfrute, sino de mantener un cierto equilibrio:
- Mantener horarios orientativos para comidas y sueño
- Priorizar agua, fruta fresca y alimentos de temporada
- Asegurar al menos 60 minutos de actividad física, adaptada al calor
- Evitar el uso de pantallas durante las comidas y antes de dormir
“El verano puede ser una oportunidad para reforzar hábitos saludables en familia. No se trata de prohibir, sino de encontrar un equilibrio sostenible”, concluye el Dr. César Molina.