Durante años, la incontinencia urinaria femenina ha sido un problema silenciado. No por falta de frecuencia —millones de mujeres conviven con ella en algún momento de su vida— sino porque sigue existiendo la idea de que “es normal” después de ser madre, al hacer deporte o con la llegada de la menopausia. Sin embargo, los especialistas coinciden en que no es un proceso inevitable del cuerpo femenino. Y, sobre todo, que tratarla a tiempo evita que evolucione hacia formas más severas y difíciles de controlar.