Blog

Cirugía de Artroscopía

Publicado el 05-02-2019

Los problemas articulares tienen gran relevancia debido a la alta frecuencia en su incidencia. Las lesiones deportivas, accidentes laborales o viales y algunos movimientos forzados de las articulaciones pueden condicionar lesiones que ameritan tratamiento quirúrgico.

Uno de los ejemplos más frecuentes son las lesiones de los meniscos de la rodilla. Siendo mecanismos de estabilidad en la rodilla y al estar directamente relacionados con la superficie articular de la misma, la mayoría de las lesiones meniscales requieren una reparación quirúrgica. 

Los síntomas más comunes de las lesiones meniscales son dolor en la línea articular ya sea del lado lateral o interno, aumento del volumen por “Derrame articular” o bloqueo de la articulación dependiendo del tipo de lesión que se trate.

La artroscopia es un procedimiento quirúrgico de mínima invasión el cuál consta en realizar dos o tres orificio de 11.5  mm  cada una aproximadamente en la rodilla por donde se introducen tanto el instrumental necesario para el procedimiento como una cámara para ver directamente las lesiones, por lo que puede servir para hacer diagnósticos y realizar el tratamiento.

Entre las principales ventajas de este procedimiento se encuentran la rehabilitación temprana ya que las heridas quirúrgicas son mínimas y su cicatrización es mucho más rápida, la resolución de problemas articulares complejos que en otra época sólo podían hacerse con heridas amplias exponiendo la articulación completa y la conservación de los meniscos lesionados (anteriormente se realizaban retiro completo de los meniscos lo que condicionaba el desgaste muy pronto de la rodilla en personas jóvenes). Actualmente, la reparación meniscal por artroscopia es un procedimiento muy común y sus resultados son tan satisfactorios que es un procedimiento realizado en deportistas de alto rendimiento permitiendo reintegrarse a su actividad deportiva profesional.

Algunas de las posibles complicaciones de este procedimiento es el dolor postquirúrgico, ya que a pesar de que las heridas son pequeñas en la piel, la reparación interna es un procedimiento complejo que causa un proceso inflamatorio postquirúrgico. Al realizarse heridas para “invadir” la articulación, siempre existirá el riesgo de presentar un proceso infeccioso relacionado. Una posible complicación grave es la denominada “Artrofibrosis”, la cual consta de cicatrices internas gruesas que limitan el movimiento de la rodilla y está relacionado directamente con la respuesta del organismo al reparar las lesiones causadas en el procedimiento.

Dr. Alonzo Escamilla Ortiz

Traumatología y Ortopedia

Hospiten Los Cabos